Debería haberse percatado de que estaba ahí. Justo ahí, tan
al alcance de su mano.
Pero el día había sido largo y su mente era un remolino de
pensamientos e ideas aglutinados.
Volvió a su casa y pensó en llamarla.
Habían estado separados mucho tiempo pero esa distancia,
paradójicamente, había acortado la brecha de reproches y enojos crónicos.
Y después de todo, si había estado tan cerca de volver a
verla, ¿por qué no darle un empujoncito al destino con una llamada?
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Mientras caminaba de vuelta a su casa, pensó en que el día
menos pensado se animaría a decirle que en realidad sí había pensado en una
vida con él. Pero que la cobardía y las ocupaciones opacaron la que podría
haber sido la respuesta más acertada de su vida.
Y que cada vez que caminaba despacio hacia su casa, no podía
evitar pensar una y otra vez en lo que podría haber pasado si su reacción era
otra.
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Cortó el teléfono antes de que atendiera el contestador y se
rió de haber pensado en el destino.
Su intención de comunicarse aún estaba muy débil como para
tener un primer contacto con una máquina.
Tal vez más adelante.
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Llegó a su casa y se recostó en el sillón. Observó que la
luz del contestador estaba apagada y cerró los ojos.
Por un momento, pensó en la posibilidad de llamarlo pero no
se animó.
Tal vez más adelante.
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Algún día tendría la oportunidad de retractarse y proponerle
volver a empezar
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Algún día tendría la oportunidad de reafirmarse y proponerle
volver a empezar.