Inevitablemente partirá hacia otro lugar que, piensa, le
dará mayor paz.
No sabe a dónde ni cuándo llegará ese día pero está segura
de que alguna señal mística sabrá hacérselo notar.
Un sueño premonitorio, un ruido intenso en medio de la noche
o una luz que refleje solamente el lado derecho de su habitación, el de los
libros y la valija.
Mientras espera que ese día llegue, supone que debe
mantenerse ocupada.
Riega las plantas que tanto han crecido desde aquella tarde
en que decidió comprarlas.
Cocina manjares que, con gratitud, comparte con amigos y más
que eso.
Fotografía extraños y a la noche les inventa historias
mientras modifica la luz, los colores y el brillo de sus escenarios.
Está convencida de que transita un digno impasse. Sin
embargo, de vez en cuando no puede evitar pensar que en realidad esa misma es
la vida que tanto espera encontrar y sonríe a escondidas.
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