jueves, 22 de agosto de 2013

un ademán, man!

-¡un ademán, man! - dijo el vato, uniformado como correspondía, a la vez que encendía un cigarro -¡un ademán! -y la respuesta, violenta, se inscribió en su rostro de tal forma que borró esa sonrisa chicanera de un sólo golpe.
un diente cayó cerca de su pie derecho. el vato se alarmó, creía que estaba entre amigos, entre compadres. se agachó a buscar su diente y sintió como le chorreaba la sangre entre las encías de su mandíbula inferior. no sentía dolor, hasta que quiso hablar, y sólo se le escapo un chillido indescriptible que se confundió con el aullidó que lo siguió.
-un ademán, man -le contestó finalmente su agresor, formando una u mayúscula con su mano derecha, utilizando para ello sus dedos índice y meñique extendidos, retrayendo el resto.
un ademán, un gesto, una seña. un código que no siempre es compartido, y un disgusto expresado de la forma más feroz, más impulsiva.
un disgusto que significaba un golpe, un dolor de huesos, un diente menos. un ademán, un signo mal entendido, una promesa al aire que terminaba siendo, inesperadamente, sangre.
un disparo certero,
algún movimiento desenfrenado,
unos tobillos torpes que se chocan,
un manotazo en el suelo,
otro,
una mano en la pared,
y una huida ágil, en el medio de la tormenta. con frío, y demasiadas dudas.
una realidad sin sentido, un ademán,
un gesto,
un error de comprensión
un sin sentido que representa, vagamente
que no existe el sentido común.

No hay comentarios:

Publicar un comentario