El viento se siente más fresco y le arden las
mejillas al caminar. Inclina la cabeza y avanza mirando sus propios pasos.
Cuando llega a la parada, se da cuenta de que ya es de noche y reconoce las
nubes que amenazan con una lluvia inminente.
Sube al colectivo y relee lo que tiene
escrito en el cuaderno. Siente vergüenza de pensar que lo que escribió no tiene
ningún sentido real ni refleja una idea concreta de lo que le interesaría
expresar.
Tanta presentación para terminar contando una
simple anécdota.
Un cuadro torcido, una mujer dubitativa y una
historia sin comenzar.
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