lunes, 12 de agosto de 2013

uno



El viento se siente más fresco y le arden las mejillas al caminar. Inclina la cabeza y avanza mirando sus propios pasos. Cuando llega a la parada, se da cuenta de que ya es de noche y reconoce las nubes que amenazan con una lluvia inminente.
Sube al colectivo y relee lo que tiene escrito en el cuaderno. Siente vergüenza de pensar que lo que escribió no tiene ningún sentido real ni refleja una idea concreta de lo que le interesaría expresar.
Tanta presentación para terminar contando una simple anécdota.
Un cuadro torcido, una mujer dubitativa y una historia sin comenzar.

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