Lo último que recuerda de ella es su
espalda rozando las puertas que, irrespetuosas, le cerraron por
detrás.
Todos los días vuelve al mismo andén
con la esperanza de volver a verla y hacerle la pregunta.
Confía plenamente en que en algún
momento aparecerá y entonces repite en voz muy baja y sin parar, las
palabras que pronunciará en forma de interrogación.
No le tiene miedo a la respuesta. Sabe
que, pase lo que pase, siempre podrá volver a empezar en otro lado.
Además, está seguro de que es ella.
Tanto lo está, que también ensaya la reacción que vendrá luego
del esperado veredicto.
Y el día en que realmente ocurra todo,
no habrá lugar para dudar ni pensar demasiado.
El plan es perfecto.
Sólo resta que el tiempo y el espacio
los vuelva a reunir.
Que el banco del andén esté vacío.
Que el tren pase exactamente a las
15.35hs
Que una leve brisa enfríe sus párpados
cerrados.
Y que ella se acerque para conocerla
más. Y finalmente pedirle que, como personaje favorito, se quede lo
suficiente para contar su historia.
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