No puede dejar de pensar en ella cuando viaja en tren.
Recuerda cada detalle de la última vez que la vio bajarse del andén y caminar
hacia las escaleras.
Si tan sólo se hubiera acercado, se habría librado de este
evidente devenir en una persona cada vez más y más melancólica.
Si tan sólo la hubiera ignorado, habría prescindido de estos
pensamientos circulares en la cabeza.
Pero la realidad es otra y sus circunstancias la declaran.
Él seguirá viajando sin destino y ella continuará
apareciendo en cada baldosa de la estación.
Como un ensueño eterno que le recuerda que no hay engaños
aparentes que resistan a la verdad.
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