la reunión en el ministerio de educación estaba candente. ningún grupo daba el brazo a torcer y los agravios iban y venían de un lado a otro. cuando el último apagó la luz, los carteles aún seguían colgados en la puerta. al día siguiente se daría una nueva batalla por el currículum escolar.
los docentes apasionados por las mil versiones que ofrece la literatura, seguirían defendiendo a la caperucita que mata al lobo y se hace un traje con su piel.
los defensores de los derechos de los animales, por el contrario, argumentarían maltrato explícito.
el debate sigue en pie y no se sabe quién ganará aunque algunos esperanzados estén convencidos de que la justicia poética nunca falla.
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