viernes, 9 de mayo de 2014

Lo primero que hizo al levantarse fue buscar, entre todos los papeles amontonados, ese poema que alguna vez había escrito con intuición.
Releyó cada palabra como si estuviera escribiéndolo dos veces y al terminarlo lo dobló tal cual estaba. Nunca se sabe pensó mientras lo guardaba nuevamente.
Cualquiera podía ser el momento en que las palabras presagiaran su final.

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