ayer presencié una de esas situaciones en las que alguien toma esa decisión que cambia el curso de su vida. una monja se despidió de un hombre en la estación del tren y cuando el coche estaba en movimiento, se largó a llorar con ganas. realmente podía verle el corazón roto, fue muy triste.
pero bueno, digamos que todos somos constructores de nuestro propio destino y, en este caso, la monja habrá elegido lo que confía que necesita su corazón, aun si para eso tiene que sufrir un poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario