"es importante", repetía incansablemente como si no supiera que al fin lograría colapsar sus sistema nervioso de responsabilidades, estallando en un sinfin de imperceptibles neuronas que habrían de esparcirse por todo el lugar, inconexamente, olvidando para siempre la sinapsis; permitiendo, al fin, la relajación, a un alto costo.
"es imprescindible", enfatizó ahora creyendo que utilizando un sinónimo de mayor jerarquía lograría convencer sus más íntimos temores de evacuar su mente y dejar de martirizar sus emociones. Ya solo faltaba una palabra, una más, y todo estallaría, ya no habría mañana. Ya no importaría el ayer ni el futuro que les esperaba.
Una sola palabra, quizás, y podría olvidarse de todos sus infortunios y de todas sus desesperanzas. Podría relegar sus tareas y marginarse en sus circunstancias.
Una palabra.
Pero no, ahora estaba mudo.
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